jueves, 16 de julio de 2009

Moteles, la rutina entre los gemidos y la pasión



Los gemidos llenan el interior del pasillo central, pero a los empleados del motel El Edén parece no importarles. Han aprendido a trabajar con esos ecos sin inmutarse.
Los únicos sonidos que les alertan son los del teléfono, por el que reciben los pagos, el crujir de la puerta metálica que se activa y el de los autos que se alejan.

Es que cuando acaban los gemidos y se pierden los autos, en los moteles hay una especie de ritual que se repite como una coreografía bien ensayada.

Dos empleadas entran con juegos de toallas fragantes, sábanas y cubrecamas y mientras una los reemplaza la otra desinfecta el baño, la tina, el lavamanos, el jacuzzi. Trapean el piso, barren el garaje, desocupan las papeleras y salen.

En cuestión de cinco minutos la habitación está lista para que una nueva pareja llegue para cumplir un sueño de amor furtivo, algo nuevo o, como muchos, a engañar a sus parejas sin el riesgo de ser descubierto.



Para ellos: clientes y empleados, la confidencialidad es una especie de credo. A los segundos no les interesa saber quién, cómo o en qué llegó -o por lo menos así lo pretenden- y mientras un auto llega los encargados siguen doblando sábanas, limpiando habitaciones o aromatizado los baños.

Eso sí, nadie entra a una habitación antes de cerciorarse por radio que está libre. Según Ermel Ortiz, administrador del negocio “el cliente paga por seguridad y buena atención, pero sobre todo privacidad”.

Una privacidad que permite que además del servicio de bar y comida rápida, moteles como La Luna incluyan en su oferta juguetes sexuales como consoladores, vibradores, ropa comestible, disfraces, cremas, energizantes, preservativos y juegos como arneses, esposas y camas para practicar diferentes posturas.

La clientela es muy variada. “Ha habido ocasiones en las que llegan parejas de hombres, de mujeres, una chica y dos hombres, un hombre con dos chicas, con tres, parejas de ancianos, ancianos y jóvenes, grupos mixtos”, dice el propietario de La Luna, Jorge Cobos, quien obtiene nuevas ideas en sus permanentes viajes a Bogotá y Cali, las mecas latinoamericanas de estos negocios.

En estos dos locales todo parece armado para despertar el erotismo: esculturas desnudas, piletas y luces de neón adornan los jardines. Mientras que espejos, música ambiental y televisores con canales para adultos, crean el ambiente las habitaciones.
Las Retamas, Los Pinos y Las Vegas completan la oferta del amor entre el sector de Capulispamba y El Descanso, son locales que además del compromiso de privacidad ofrecerán este 14 de febrero bombones, rosas y cocteles de cortesía a sus clientes.



Inversión de migrantes

La Luna, El Edén y Las Vegas han sido la mejor opción que encontraron sus propietarios para invertir el dinero obtenido con años de trabajo en Estados Unidos o Europa, sitios de donde además obtuvieron las ideas.

José y Jhon Latacela, decidieron que la mejor oportunidad para mantener su capital era instalar un motel, o hotel de carretera como explica el enorme letrero de da la bienvenida a este local llamado Las Vegas ubicado en la zona de El Descanso.

En El Edén la historia es similar, apenas en agosto abrieron sus puertas luego de una inversión aproximada de 900 mil dólares, ahora el mayor accionista Abraham Ortiz, vive en Estados Unidos y su hermano Ermel lo administra.

Con un sistema similar bajo la administración de Jorge Cobos, La Luna también a incrementado sus servicios y hace menos de un año amplió una segunda ala de habitaciones. Ahora son 42 habitaciones y suites.

Sobre todo en La Vegas, el uso no es exclusivo para parejas en busca de privacidad para sus encuentros íntimos, sino también acuden viajeros que buscan un sitio económico y seguro para pasar la noche antes de continuar su viaje, por lo menos así lo aseguran sus propietarios.


DATOS ADICIONALES
Los días en los que mayor movimiento se registra son los jueves, viernes y sábado. Estos locales abren sus puertas al público todo el día.

Los clientes piden una habitación desde su auto por medio de un intercomunicador, al pagar su cuenta reciben una tarjeta que activa la salida.

Todos ofrecen servicio de bar y comida rápida. En La Luna se ofrece además juguetes sexuales, cremas y estimulantes.

En El Edén y La Luna los autos quedan atrás de unas puertas metálicas, en Las Retamas, Los Pinos y Las Vegas, tras cortinas.

Publicado en El Tiempo (10-02-08). Fue mi nota de despedida.
Fotos: www.infotourecuador.com y www.cuencanos.com

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Juanpa me gusta este estilo de escritura. Deberias decirles en el com que te dejen escribir asi y escoger tus temas.

Anónimo dijo...

Espero que además de reportear hayas ido a pasarla bien :o)

Anónimo dijo...

Muy Buen articulo y muy detalloso, gracias por la información..........